Viajar con bebé

Hola amigos y amigas! Qué tal va el veranito? Yo ya de vuelta al cole… de ahí mi nueva larga ausencia, pues aunque creí que en vacaciones sacaría tiempo para escribir…al final nada de nada… por suerte he estado demasiado ocupada disfrutando de mi pequeña gran familia, de los amigos, de la playa, del solecito… ayssss, ¿¿¿por qué duráis tan poco, vacaciones???

En fin, hoy quería hablaros de nuestras primeras vacaciones con Aitor.

Al principio nos agobiaba un poco la idea de viajar con él. Pensábamos que si salir unas horas con él a la calle ya implica bultos, desplazarte fuera de casa durante días debía ser un follón! Además, al rollo “equipaje” había que sumar la adaptación de todos los planes al rey de la casa (destino, excursiones, horarios, transporte, comidas)…

Sin embargo, conforme van pasando los meses vas valorando que lo que queda atrás siempre es menos follonero que lo que va viniendo… de forma que si dejábamos pasar estas vacaciones, en las sucesivas, probablemente añoraríamos no haber disfrutado del placer de viajar (algo de lo que somos fieles fanáticos) con nuestro peque todavía controlado en la silleta…

Y efectivamente, nuestra decisión no pudo ser más acertada! Optamos por una zona de playa (ya que al peque le encanta el agua), en un destino cercano a casa (para no hacer mucho camino de coche) y en un hotel con régimen de media pensión para no estar pendientes ni tener que preocuparnos de nada salvo de Aitor.

Entre que su ropa es pequeñita, y que el hotel nos facilitaba muchas cosas, al final no tuvimos que trasladarnos con muchas cosas y el viaje en coche y los traslados y rutinas por allí fueron muy fáciles. Para su comida tiré de potitos casi todo el tiempo y genial.

En cuanto a horarios, las rutinas del peque se adaptaron perfectamente con las nuestras y viceversa, logrando un equilibrio buenísimo. Al estar más entretenido y salir de cena y paseo todas las noches, Aitor se acostumbró a dormirse un poquito más tarde por las noches, con lo cual se levantaba también un poco más tarde y sus horas de sueño y comida fueron muy parejas a las nuestras (teníais que vernos a los 3 durmiendo la siesta en las hamacas de la piscina durante horas! Jaja). Por otro lado, al convertirse en nuestra única preocupación y ocupación, el peque se pasó el día riendo y disfrutando de nosotros. Y por supuesto, nosotros de él y del placer de no hacer NADA, salvo DISFRUTAR! Cosa que necesitábamos tanto…

A la hora de patear y ver cosas, también fue cómodo aunque siempre hay sitios o rincones donde acceder con la silleta es imposible. Para ello, una opción es cambiar la silleta por el fular o la mochila portabebés, pero a nosotros personalmente se nos hace más pesado cuando vas a estar mucho tiempo fuera y todo el tiempo andando. Lo ideal, no obstante, es viajar con las dos e ir usando uno u otra según el plan marcado para el día.

En cuanto al coste de viajar con bebé, todo genial, pues hasta los dos años es cierto aquello de que “los niños veranean casi gratis”, como decía la canción del anuncio.

Además de todo esto, ver a tantas otras familias viajando, con mayor y menor número de hijos, de todas las edades, y haciendo y disfrutando de todo tipo de planes, te anima a seguir embarcándote en la trepidante aventura de viajar en familia.

Sin duda, nosotros seguiremos haciéndolo mientras podamos.

Muchos besos! Os dejo una prueba gráfica de lo bien que lo hemos pasado!

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