Lecciones de la maternidad (parte 1)

Hola queridos lectores! ¿Cómo va esta semana tan veraniega? Qué calor tenemos ya…

En primer lugar, quiero aprovechar esta entrada para daros las gracias por estar ahí. Nunca os lo digo, pero lo siento cada día. 

Este blog no nació con el ánimo de acumular miles de visitas y comentarios, pero he de reconocer que tanto unos como otros me llenan de aliento e ilusión para seguir escribiendo. Esta aventura no sería igual de divertida y emocionante sin vuestras visitas y vuestra colaboración. GRACIAS!!

Y diréis…¿pero qué le ha dado hoy a ésta? Pues sí amigos, reconozco que estoy algo sensible…!  

Lejos de desaparecer, los moquitos de Aitor sobre los que os hablaba en el último post han amarrado aún más fuerte su tienda de campaña y siguen bien instalados en el pecho de nuestro peque, lo que le ha provocado mucha fiebre estos dos últimos días.

Hasta ahora Aitor nunca había tenido más de 37,5º y el domingo llegó hasta 39,1º. Pobrecito mio!!!! Los médicos nos dijeron que debía tratarse de algún proceso vírico sin importancia y que en unos días, mejoraría. Efectivamente hoy ha pasado ya muy buen día y mañana volverá a la guardería. 

En estos dos días he aprendido dos cosas muy importantes que quería compartir con vosotros…

La primera es la capacidad de contagio que tienen las sonrisas de nuestros hijos y lo que pueden llegar a necesitarse. Desde que soy madre mi escala de valores y emociones ha cambiado por completo, descubriendo nuevos sentimientos y mutando algunos otros, como por ejemplo, la felicidad. Es difícil de explicar, pero os prometo que nunca antes me había sentido feliz con la magnitud con la que me siento ahora y, por supuesto, nunca motivada por cosas tan pequeñas. Como la sonrisa de Aitor. Os aseguro que verle sonreir puede provocarme los picos de felicidad más extremos que he vivido nunca. Y me siento muy afortunada, porque nunca pierde la sonrisa. Ni con 39 de fiebre ni  tras una vomitona a las 4 de la mañana (momento y situación en las que nunca imaginé poder sentirme feliz!). No sé cómo lo hace; lo admiro enormemente. Siempre saca ánimo para sonreir y hacerme feliz. Le estoy muy agradecida por ello. Tanto me genera que dependo enormemente de su sonrisa, y procuro captarla en fotos siempre que puedo para poder verla cuando no estoy a su lado y sobrevivir, jeje. A veces tengo miedo porque sé que con esa sonrisa dichosa… ¡siempre va a poder hacer conmigo lo que quiera! 

Y por otro lado, he aprendido lo mucho que me parezco a mi madreeeee!!! Y lo peor es que me parezco incluso en lo que no me gusta y prometí que no me parecería!!! jajaja… (Cada vez estoy más convencida de que los años sólo sirven para darnos con nuestras propias palabras en la boca y que alguien, desde lejos, pueda reirse de nosotros!! ajaja) Lo había oído decir a otras personas (incluso a mi madre con respecto a la suya!), pero yo me creía por encima de ello…jajaja Pero nada de nada, al final me estoy dando cuenta de que soy igualita que ella en mil sentidos… muchas veces me parto de risa al verme! Por suerte, fuera de todo lo que le digo para picarle, creo que tengo una gran madre a la que parecerme y de la que aprender. Por eso, desde aquí (a pesar de ser mi peor lectora -manda narices!-) quiero darte las gracias por intentar y conseguir ser la mejor madre del mundo y ahora, también, la mejor abuela. Eres increíble. Es un honor reconocer parte de tí en mí. Espero llegar a hacerlo la mitad de bien de lo que tú lo haces.

En fin, después de esta declaración masiva de agradecimientos, me voy a la camita que varias sonrisas nocturnas me esperan esta noche (con sus respectivos parones de sueño!) 

Os dejo una canción que recuperé hace poco y que, ahora, me parece mucho más bonita que entonces… sé que soy una pesada, pero es que esto de la maternidad es taaaaaaaan grande!!!

http://www.youtube.com/watch?v=x0HkRmTJdWo

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